Hay imágenes que el cine ha grabado a fuego en nuestra memoria. Imágenes como el encuentro entre Van Helsing y Drácula: el anciano cazador de vampiros de mirada afilada que una estaca se enfrenta a la silueta del conde envuelto en su capa de seda negra. Es un enfrentamiento que parece inevitable, casi épico.
Pero si abrimos el Drácula de Stoker, la novela que Bram Stoker publicó en 1897, nos llevamos una sorpresa. Y es que ese legendario combate entre Abraham Van Helsing y Drácula apenas ocupa unas pocas páginas. El Van Helsing original no es un héroe de acción, sino un médico holandés, filósofo y profesor universitario, más dado a la reflexión que alguien presto a la lucha cuerpo a cuerpo.
¿Pero cómo ocurrió esta transformación? ¿Quién era realmente ese personaje que en el Drácula de Stoker aparecía como un sabio? Y sobre todo: ¿cómo y por qué el cine convirtió a este anciano profesor en el arquetipo del cazador de vampiros?

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El Van Helsing que escribió Bram Stoker
En el Drácula de Stoker, Abraham Van Helsing es presentado como un médico, filósofo y metafísico holandés. Llega a Inglaterra llamado por su antiguo alumno, el doctor John Seward, para tratar un extraño caso de anemia que aqueja a Lucy Westenra. Pronto descubre la verdad: no se trata de una enfermedad común, sino de un vampiro.
Pero a diferencia de lo que el cine nos ha enseñado, este Van Helsing no lleva estacas en el equipaje ni blande crucifijos con el arrojo de un guerrero. Es un hombre de ciencia que se ve forzado a aceptar la existencia de lo sobrenatural. Su lucha es, ante todo, intelectual. Tratará de convencer a los incrédulos, reunir pruebas y planificar con paciencia.
El Drácula de Stoker presenta a un personaje que dedica mucho espacio a sus cartas, a sus diarios y explicaciones. Es un hombre de despacho, no de campo de batalla. Pero, sin embargo, algo en él cautivó a los lectores. Algo que pedía a gritos ser llevado a la pantalla grande.
¿En quién se inspiró el Drácula de Stoker?
Los estudiosos del Drácula de Stoker han señalado varias posibles fuentes de inspiración en la creación de Van Helsing. Una de las más citadas es el profesor Arminius Vambery, orientalista húngaro y amigo personal de Bram Stoker, quien le habló de las leyendas de vampiros en Europa del Este.
Otras fuentes apuntan a médicos e investigadores que en el siglo XIX documentaron casos reales de vampirismo en pueblos de Hungría, Rumanía y Serbia. Porque, aunque hoy asociemos al Drácula de Stoker con la ficción, en la época en que se escribió la novela la creencia en vampiros era muy real en gran parte de Europa.
Los campesinos exhumaban cadáveres, les clavaban estacas en el corazón y les cortaban la cabeza para evitar que regresaran. Van Helsing es, en la novela, la versión culta de ese miedo ancestral: alguien que toma en serio las leyendas porque ha visto sus consecuencias.
El salto al cine: Van Helsing convertido en héroe
La primera gran adaptación del Drácula de Stoker al cine fue Nosferatu (1922), aunque por problemas de derechos no podía llamarse Drácula. En ella, no aparecía Van Helsing, ni nadie que pueda asociarse con él. Fue con la versión de la Universal de 1931, con Bela Lugosi, cuando vimos, por primera vez, al personaje en pantalla, interpretado por Edward Van Sloan. Aún conservaba algo del sabio reflexivo de la novela, pero ya comenzaba a perfilarse como una figura de autoridad moral.
El verdadero cambio llegó con la Hammer Films británica en los años cincuenta y sesenta. Peter Cushing encarnó a un Van Helsing mucho más activo y decidido, dispuesto a enfrentarse físicamente al conde, interpretado por Christopher Lee. La rivalidad entre ambos se volvió tan icónica como la del propio Drácula con sus víctimas.
La transformación se culmina con la adaptación de Francis Ford Coppola, Drácula de Bram Stoker (1992). Anthony Hopkins dio vida a un Van Helsing excéntrico, casi tan perturbador como el propio vampiro. Y ya en 2004, la película Van Helsing con Hugh Jackman convirtió al personaje en un superhéroe de acción, completamente alejado del anciano profesor holandés que creó Bram Stoker.

El enfrentamiento entre Van Helsing y Drácula que nunca existió
Quizá el mayor engaño del cine es hacernos creer que Van Helsing y Drácula mantuvieron una rivalidad personal directa. En el Drácula de Stoker, apenas intercambian palabras. Nunca hay un duelo. Nunca hay un enfrentamiento directo.
La muerte del conde llega al final, en los Cárpatos. Es Quincey Morris, un vaquero tejano, quien acaba con él mientras Van Helsing observa. El anciano profesor no empuña la estaca definitiva. No hay un «cara a cara» épico. El final en el Drácula de Stoker es más colectivo que individual, más coral que heroico.
Pero el cine necesitaba un héroe. Y lo encontró en aquel anciano sabio que sabía más de lo que debía. Al concentrar en Van Helsing la resistencia contra Drácula, las adaptaciones cinematográficas crearon un arquetipo que hoy reconocemos al instante: el cazador de vampiros.
¿Por qué el mito de Van Helsing y Drácula sigue vivo?
Más de un siglo después de la publicación del Drácula de Stoker, la novela sigue siendo el referente ineludible del vampirismo literario. Y Van Helsing, ese personaje que empezó siendo un secundario, se ha convertido en su contrapeso indispensable.
Representa la voluntad de enfrentarse a la oscuridad mediante el conocimiento, el valor y, sobre todo, sabiendo que el mal puede ser combatido. El cine lo reinventó, lo rejuveneció y lo convirtió en héroe. Pero en sus orígenes literarios, en el Drácula de Stoker, Van Helsing era algo más interesante: un hombre común que, ante lo extraordinario, decide no huir y plantar cara al mal.
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