La relación epistolar de Ángeles Vicente y Miguel de Unamuno
Cuando en Mitos Eternos decidimos reeditar Los Buitres, de Ángeles Vicente García, éramos conscientes de la dificultad de iniciar un proyecto editorial con una obra y una autora, que pese a su enorme interés literario, resultan bastante desconocidas para los lectores actuales. Pero uno de los objetivos que nos hemos autoimpuesto es, precisamente, dar a conocer obras y autores que merecen ser rescatados del pozo del olvido. Y el caso de Ángeles Vicente es realmente ejemplar. Su trayectoria vital le llevó a acercarse a las corrientes culturales más avanzadas y progresistas de su época, incursionando de manera escéptica en el espiritismo, con curiosidad en la masonería y con firme convicción en el feminismo. Es la primera autora en escribir una novela de temática lésbica ¡publicada en 1907! Su compromiso social aparece también palpable en relatos que van más allá del costumbrismo, con un estilo condensa diversos movimientos literarios que van desde el romanticismo, al futurismo, pasando por el naturalismo y el modernismo, pero siempre con un carácter propio y original.
Ángeles Vicente vivió el cambio del siglo XIX al XX, un momento de intensos intercambios literarios y políticos entre España, Italia y Portugal que despertó el interés de otros autores de la época como Miguel de Unamuno. Ángeles Vicente y Unamuno mantuvieron a lo largo de varios años una relación epistolar en la que, además de comentar temas puramente literarios, también cruzaron impresiones sobre temas políticos y cuestiones éticas y culturales de su tiempo. A través de estas cartas podemos ver su posición sobre el feminismo o sobre la educación, con críticas compartidas al sistema educativo español.
Uno de los puntos de encuentro más interesantes entre Vicente y Unamuno fue su relación con la obra de Alejandro Herculano, un destacado historiador y poeta portugués. En 1910, Vicente, en una carta escrita desde Cartagena, mencionaba la llegada de una carta de Orlando Marçal, quien le pedía una reseña sobre las celebraciones dedicadas a Herculano. El artículo nunca se publicó, pero esta correspondencia revela el interés de Ángeles Vicente por temas culturales y su vinculación con varios de los intelectuales de la época. En las cartas, también menciona otros proyectos, como la colaboración de Marçal en revistas de la época y su labor para conectar la literatura portuguesa con la española.
La conexión de Ángeles Vicente con el ambiente literario y político de España no se limitaba a sus vínculos con Unamuno. La escritora también interactuó con figuras políticas de la región de Murcia, como José García Vaso, un destacado político cartagenero que fue una figura clave en la lucha contra el turnismo político, sistema que permitía una alternancia de poder entre los dos partidos dominantes. García Vaso, junto con sus hermanos, fundó el diario La Tierra, que se convirtió en un importante vehículo de sus ideas políticas.
Las cartas entre Ángeles Vicente y Unamuno mostraban su preocupación sobre el sistema educativo español de la época, influenciada por sus contactos con figuras como Félix Martí Alpera, un pedagogo que abogaba por la reforma educativa y que se alineaba con las ideas de la Institución Libre de Enseñanza. En sus escritos, Vicente se mostró crítica con la educación formal (ella misma era en muchos sentidos autodidacta), especialmente en su representación de los sistemas educativos rurales, como la figura de Zezé, la protagonista de una de sus novelas, quien a pesar de tener una buena educación formal, se ve atrapada por las expectativas de la sociedad.
La interacción de Vicente con la vida literaria española también abarcó su perspectiva sobre el ambiente social y cultural de las grandes ciudades, en especial Madrid. Unamuno expresaba en sus cartas una aversión por la «vida de sociedad» de la capital, una crítica que también realizó en sus escritos y que compartía con Ángeles Vicente cuya visión era similar acerca de las superficialidades de la vida social madrileña. Ambos se mostraban desconectados de una vida que consideraban vacía, donde las relaciones se basaban más en la apariencia que en el contenido genuino.
En medio de estas conversaciones sobre política, cultura y literatura, Vicente también se preocupaba por cuestiones espirituales, que incluyó a menudo en su propio trabajo literario. La contradicción entre lo material y lo espiritual, una lucha interna que definió la obra de Unamuno también estaba presente en la de Vicente, con personajes que, como en el caso de Zezé, se enfrentaban a las expectativas sociales y a la búsqueda de su propio sentido de la vida.
La correspondencia entre Ángeles Vicente y figuras como Unamuno y Orlando Marçal muestra el interés compartido por una reforma cultural y educativa que trascendía las fronteras nacionales. Estas interacciones traslucen el contexto intelectual y literario de principios del siglo XX en la península ibérica, un periodo en el que los escritores y pensadores, a pesar de sus diferencias, compartían el deseo de transformar la sociedad y la cultura que los rodeaba.